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"el nuevo orden" serie el hombre gris, 2016

jueves, 11 de octubre de 2012

HACER EL FRACASO


                                     



“Ser artista es atreverse a fracasar como nadie más se
atreve a ello.”
                                                              Samuel Beckett




"el artefacto" serie el hombre gris 2012






El fracaso es un concepto que,
en principio, no tiene existencia autónoma, imposible de desligar del
aspecto positivo: el éxito. La idea de éxito determina nuestra sociedad,
establece nuestra manera de entender el mundo y de relacionarnos.
El éxito no sólo es expresión de la ideología dominante, ocultando el
resto de actitudes como fracasos, sino que es una de las maneras de
autogobierno que nos impone nuestra sociedad. El fracaso, y no los
éxitos estipulados como tales, es lo que constituye lo que somos.
Reconocer el fracaso como exento de la dinámica del éxito es reconocer
la posibilidad de una alteridad. Hay que hacer el fracaso.

En nuestra sociedad, caracterizada por la dominación de los cuerpos
y de los deseos, el fracaso aparece como posibilidad de creación de
identidades al margen, creación de subjetividad. Hacer el fracaso
permite acceder a una subjetividad otra, además de desentrañar el
código establecido. No se trata, por tanto, del fracaso al que uno se ve
abocado cuando busca el éxito, sino del fracaso que actúa fuera del
marco establecido con normas propias. Hacer el fracaso es, antes de
nada, una postura activa, una manera de hacer arte, de pensar, de vivir:
una actitud. Lo que la exposición plantea no es sólo la tesis del fracaso,
sino fundamentalmente el fracaso como estrategia.

El fracaso tiene la capacidad de crear acontecimiento, de crear un grado
de excepción. Asimismo, se opone a la estética del espectáculo, y de lo
espectacular. Algunos de los referentes artísticos de fracaso pertinentes
para este contexto son Los idiotas de Lars von Trier, la literatura de
Beckett y las acciones de Bas Jan Ader y Francis Alÿs. En Los idiotas,
Lars von Trier articula la hipótesis de construirse un personaje social no
por exceso de éxito sino por defecto; establecer una relación con los
demás a partir del papel del condenado al fracaso, el idiota. La literatura
de Beckett describe de manera recurrente un movimiento continuo
hacia lo indeterminado; un movimiento continuo, aunque sea a rastras o
hundido en el fango. El caso de los artistas Bas Jan Ader y Francis Alÿs
es paradigmático porque descodifican la manera en la que construimos
la realidad por medio de su fracaso.
En cuanto a la relación entre el fracaso y el arte, esta idea del fracaso
encierra una idea del arte, una categoría estética estrechamente ligada
al arte contemporáneo. El arte y el fracaso son de una naturaleza
muy parecida. Ambos son categorías que se perciben. Ambos son
dependientes de un momento determinado; no sólo dependientes del
momento y la cultura que los producen, sino también reflejo de ellos. El
fracaso, como el arte, revela el funcionamiento de las cosas y lo analiza.
Finalmente, el fracaso amplía el horizonte de lo posible.

Extracto del texto de Daniel Cerrejón en el catalogo de la exposición “Hacer el Fracaso” Casa Encendida Mayo 2012


https://www.obrasocialcajamadrid.es/Ficheros/CMA/ficheros/OBSCultura_Ineditos12Catalogo.PDF

"el salto de  Yves Klein" el hombre gris 2012






CONVERSACIÓN ENTRE ALESSIO
ANTONIOLLI Y DANIEL CERREJÓN
(extracto del texto original)


Daniel Cerrejón [D. C.]: Entiendo este proyecto como una especie
de colaboración entre el jurado que lo seleccionó y yo, ya que todos
hemos participado para que se haga realidad. Siento mucha curiosidad
sobre tu punto de vista; quisiera saber por qué lo elegisteis y qué es lo
que te resulta interesante de la idea de Hacer el fracaso.
Alessio Antoniolli [A. A.]: Para mí, hay algo muy actual en la idea de
organizar una exposición que aborde el fracaso de la forma que tú
propones. Lo que aquí se sugiere es que el concepto de “hacer el
fracaso” no identifica cosas que no han funcionado, sino que parece
tratarse de lo que podría perderse, desecharse o simplemente no ser
tenido en cuenta porque se sale de la norma. En ese sentido, Hacer el
fracaso apunta a cosas que podrían parecer marginales o no resueltas,
pero que pueden introducir una nueva serie de posibilidades. En un
momento en que la norma (el statu quo social y político) está en crisis,
resulta aún más importante, incluso urgente, encontrar formas o rutas
alternativas para avanzar. Es posible que haya diferentes niveles de
crisis en el mundo, pero, sin duda, parece oportuno entender que el
éxito, tal como lo conocemos, no puede continuar de la misma manera,
y su fracaso podría verse cada vez más como una alternativa deseable.
En el ámbito de las instituciones culturales, los recortes de la inversión
y la redistribución del dinero público nos obligan a replantearnos la
forma en que seguimos funcionando y trabajando con los artistas.
No estoy sugiriendo que tu propuesta o los artistas de la exposición
traten necesariamente estas cuestiones de forma directa, sino que las
considero útiles a la hora de valorar las obras de esta muestra por su
mayor preocupación por el proceso y por el hecho de que, en muchos
casos, no encajan bien dentro de los marcos comerciales.
D. C.: Es posible que esté proponiendo algún tipo de solución cuando
sugiero que es necesario fracasar para seguir adelante.
A. A.: En tu idea de “hacer el fracaso” parece que defiendes algo
activo; es una decisión consciente y deliberada. En este sentido, el
fracaso forma parte de una decisión de desarrollar algo que no puede
ser interpretado como un error o una sorpresa desagradable; por el
contrario, es algo que está inscrito en la obra y presente a lo largo de
todo su proceso.
D. C.: Me interesa mucho el proceso, pero quiero subrayar
especialmente que la idea de “hacer el fracaso” no es algo que se
derive o dependa necesariamente del proceso de creación de una
obra. En realidad, si pienso en los artistas de la exposición, para
algunos de ellos el proceso no es tan importante. Por ese motivo, es
necesario separar el fracaso como resultado del fracaso como premisa
conceptual o como punto de partida que se materializa por medio
de la obra. Hace alrededor de un mes asistí a una presentación de
tres artistas que hablaban del fracaso. Afirmaban que el fracaso es
importante para la evolución de una práctica artística porque forma
parte del proceso de aprendizaje que lleva al éxito. Así que, cuando
tuve ocasión, les pregunté: si el fracaso es tan bueno, ¿qué es lo que
hacéis vosotros para fracasar? Me contestaron que el fracaso es algo
que sucede; yo les respondí que ésa era una posición muy pasiva
por su parte. Con todos los elogios que recibió el fracaso en aquella
presentación, tendría seguramente más sentido convertirlo en algo
más positivo, pero entonces habría que dejar de pensar en él como la
simple antítesis del éxito.
A. A.: ¿Te refieres a una situación en la que fracaso y éxito están
presentes de forma continua, pero, en lugar de representar cada uno
el contrario del otro, están de hecho “uno dentro del otro” o, al menos,
discurren codo con codo?
D. C.: Me gusta tu idea de una obra de arte que tenga un fracaso
potencial dentro de su propio éxito. Sin embargo, yo lo llevaría aún más
lejos y afirmaría que estoy tratando de separar el fracaso del éxito. Si
bien es cierto que están muy próximos entre sí, lo que quiero es sugerir
una situación en la que el fracaso pueda ser liberado del éxito y ser
independiente de él. Quizás guarde más relación con la idea de ofrecer
una condición o una idea alternativa. Para mí, cuando alguien fracasa
activamente, no se rompen las reglas del juego, sino que cambian.
Quiero decir con eso que, cuando se crea algo para que fracase, el
resultado debe quedar necesariamente fuera de la relación fracasoéxito.
Con ello se comienza verdaderamente a cuestionar la idea de
que éxito y fracaso son opuestos y mutuamente excluyentes.






"mundo del revés" el hombre gris 2012

1 comentario:

Kike Payá dijo...

Buscaré el momento para leer con detenimiento tu blog, cayetano. De momento, lo que veo y leo me interesa mucho.