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"el nuevo orden" serie el hombre gris, 2016

sábado, 17 de noviembre de 2012

EL ESTRÉS DEL ARTISTA




"hombre post-it " 2012


EL ESTRÉS DEL ARTISTA

Otro lunes más de encuentro, de conversación en esta especie de tertulia debate que
se ha establecido entre artistas, gestores y teóricos del arte, todas las semanas. Una vez más
surgen preguntas muy interesantes de las conversaciones que se están desarrollando en el
terreno del puro conocimiento entre personas que compartimos parecidas obsesiones. En
esta ocasión, se dijo algo que me parece que es clave para entender cuál es nuestra postura
vital. La pregunta definitiva fue: si en realidad el arte no nos da de comer, la mayoría tene
mos otras actividades profesionales, por qué no podemos dejar de pintar, hacer escultura,
fotografía, poesía, vídeos,… qué podemos hacer para no sentir, el estrés de tener que tra
bajar constantemente en algo creativo. quién o qué nos incita a pintar, escribir, crear,… En
el fondo, por qué lo hacemos, por qué nos vemos comprometidos a crear cosas y para quién. Ese
es el verdadero tema. El mundo no espera nuestro trabajo, ¿quién necesita nuevas pinturas,
esculturas, poesía, música,…? ¿Acaso la sociedad vive estresada por ver nuevas obras?

Evidentemente no, somos nosotros los que vivimos pendientes de que nos surjan nuevas ideas,
y de que estas ideas se transformen en pinturas, esculturas, etc. Es como una tortura china,
(que me perdonen los chinos) que nunca acaba, nunca nos deja en paz. Tenemos que llenar
nuestro ego todos los días, así lo exige ese cerebro que nos reclama estar constantemente
buscando, renovando el lenguaje, trabajando, persiguiendo siempre lo actual, lo moderno
y, sobre todo, que la obra impacte a todo el mundo, que quede para la eternidad. ¿Pero, to
dos pensábamos igual, todos vivíamos con el mismo estrés la creatividad? Seguramente no.

Es verdad que los investigadores, como en su momento Marie Curie o Ramón y Cajal,
también se afanan con cierta obsesión en avanzar dentro de su propia investigación. Con
una dinámica imparable en la que se van superando los diferentes estadios, comprobacio
nes, en los métodos o caminos para analizar una determinada realidad. Pero pensar en la
ciencia es identificarse con el compromiso por el bien y el progreso de la humanidad, casi
siempre. El arquitecto crea edificios para vivir, el médico estudia para la salud de la gente.
Todos tienen una dirección clara, son ciencias que avanzan porque requieren dar respues
tas con una fuerte dimensión práctica que repercute en bien de la sociedad, respuestas
de curación, de progreso. El artista hace algo que en el fondo solo le interesa así mismo.
Sin embargo, a pesar de que en un principio podamos pensar que el arte no cubre ni de
lejos esta dimensión practicista de la ciencia, se da la paradoja de que, como dijo el pintor
francés André Lothe (Burdeos 1885-París 1962): “El ingrato papel del creador consiste en
ofrecer al mundo algo que jamás pensó nadie exigir pero que, una vez ofrecido, se convier
te en indispensable . Las Meninas o el Guernica, son referentes universales y sin ellos la
historia tendría otra interpretación. El arte es un espacio de disfrute intelectual. El artista
crea instrumentos y obras para el intelecto y la sensibilidad. Si no tuviera esta necesidad
no existirían las obras de arte y la humanidad carecería de los grandes relatos, la Iliada, y
obras fundamentales, el Partenón, la Gioconda. Si todo esto faltara nos diferenciaríamos
muy poco de los animales.

El estrés que los creadores de cualquier campo experimentan es por esa razón. Porque
no solo intentan buscar soluciones a los problemas del cuerpo sino también a los del alma.
Esa otra forma de creación que es más etérea, que no está definida perfectamente, porque
en parte depende de la información que tenga el receptor, el cual muchas veces no posee la
experiencia para llegar a captar toda la complejidad de la obra de arte. Pero aun así, aunque
el creador sepa de esta realidad, esa cuestión innata de seguir avanzando en lo sensible
continúa sin parar.

Hay algo más que nos engancha. El diálogo con la vida de las personas que no se de
dican a la creación, la gran mayoría, es con el día a día, sobreviviendo a los ritmos que im
pone la vida: te enamoras, te casas, tienes hijos, buscas la realización personal en el trabajo,
el ocio, los deportes. Pero ese otro diálogo del ser humano con el arte es el que produce las
grandes sensaciones que te sitúan en el mundo, en la estela del conocimiento humano y a
la vez del drama de no poder alcanzar lo que uno sueña o persigue.

Quizá, de todas las disciplinas artísticas, el cine es la menos elitista, posee el registro
más amplio y diverso, que puede llegar a todo el mundo. Su imagen nos fascina, incluso
sin ser conscientes de toda su complejidad. El debate sobre cine es el más productivo en
todos los sectores sociales. Sin embargo sobre las artes visuales este debate mayoritario no
existe o se restringe a una minoría de expertos. Este es el gran drama del arte contempo
ráneo. Pero aunque el creador sepa que su mundo está constreñido, su estrés, su obsesión
por seguir no cesa. En el fondo prevalece un sentimiento muy arraigado en las principa
les tradiciones e ideologías religiosas. Como en el famoso drama de Henrik Ibsen(1828
Skien-1906 Oslo), el Peer Gynt, si tienes una facultad, al final de tus días serás juzgado por
lo que has hecho con esta facultad, y se te demandará las que no has hecho, lo qué no has
ofrecido a los demás. O quizá esta última reflexión sea una mala interpretación del espíritu
de supervivencia.

 Eduardo Lastres
Diario LA VERDAD/26-10-12


el pintor 2012

1 comentario:

Fernando dijo...

Un trabajo muy interesante, Felicidades